Segundas oportunidades, una decisión política

Encontrarse con una prenda remanufacturada es una experiencia sensorial. Los ojos la recorren buscando las costuras que unen textiles de orígenes diferentes, quizá fabricados en ciudades lejanas, mientras las manos exploran las texturas y los colores que dan vida a una pieza única que cuenta historias.  

Así inició la conversación entre Stephan Reichert, Vietnam Pereira y Peter Förster, integrantes de la cooperación alemana en Colombia. La charla estuvo centrada en intercambiar sus perspectivas sobre la economía circular y la remanufactura de textiles.  

Por primera vez, Stephan se probó una prenda remanufacturada: una chaqueta que le da una segunda oportunidad a materiales en desuso y que mezcla textiles de un blazer y un jean recolectados a través de Renovamoda, la red de contenedores de Bogotá donde los ciudadanos pueden entregar textiles usados para su aprovechamiento.  

La chaqueta fue fabricada por el colectivo “Manos reparadoras”, liderado por la Secretaría Distrital de Ambiente e integrado por mujeres de distintos barrios de Bogotá que se dedican a la confección de prendas y que han recibido apoyo de la Cooperación Alemana para el Desarrollo — GIZ para hacer remanufactura de prendas. 

“Se siente súper cómoda, no sé si te la voy a devolver”, comenta entre risas el jefe de cooperación de la Embajada de Alemania en Colombia. Stephan evita usar corbatas y considera que la moda es una decisión práctica, centrada en ropa que le haga sentir bien. Si bien es su primera experiencia con ellas, las prendas remanufacturadas le parecen importantes por el mensaje político que envían.  

“Este planeta no puede más. Pensar en cómo nos vestimos, qué comemos y cómo nos transportamos es algo que hacemos por nosotros mismos, pero que también comunica – es un statement. Debemos visibilizar que hay otras alternativas de consumo, y esto es algo que buscamos hacer desde la cooperación alemana en Colombia”.   

Por su parte, Vietnam, oficial de cooperación para el desarrollo de la Embajada de Alemania en Colombia, utiliza en sus reuniones de alto nivel prendas remanufacturadas por ella misma. Creció en un hogar de muchas personas, donde adquirió la costumbre de darle una segunda vida a la ropa. Ella considera que las cosas que están en buen estado no tendrían que terminar en la basura. “Aprendí a coser a mano a punta de errores; rompiendo agujas y chuzándome los dedos, porque todo debe poder repararse”. 

Peter, director del proyecto Prevec III en la GIZ, asiste a reuniones de la oficina con sus chaquetas remanufacturadas y evita usar camisas donde se pueda ver la marca. Para esta conversación, usó una chaqueta también elaborada por el colectivo “Manos reparadoras”, hecha de textiles de la red de contenedores de Renovamoda. 

Su experiencia con la ropa remanufacturada viene desde la infancia, pues heredaba prendas de familiares que en ocasiones se reparaban antes de llegar a sus manos. El uso de forma más consciente inició desde su trabajo, con un proyecto de economía circular de la GIZ que tenía enfoque en el sector textil. 

“Al ver la calidad y el proceso de remanufactura empecé a enamorarme de las historias que hay detrás. Me compré mi primera chaqueta remanufacturada hecha con un blazer que ya no me servía. A partir de ese momento veo las prendas con otros ojos, como reliquias que pueden ser transformadas”, afirma. “Gran cantidad de la ropa que usamos está hecha por máquinas en procesos estandarizados. Estas prendas, en cambio, están hechas por las manos de una persona con un talento particular que además incluye tu gusto y estilo”, añade Peter.  

Cada vez hay más colectivos que impulsan la economía circular y la remanufactura de materiales en Colombia, evitando usar materiales nuevos y contribuyendo a reducir las emisiones contaminantes. Sin embargo, los contrastes alrededor del acto de vestir son marcados, pues en algunos sectores aún persiste la creencia de que la energía de una persona se queda en su ropa y esta es la razón por la que muchas veces no se da una segunda oportunidad a las prendas. 

Estas posiciones encontradas también se ven en Alemania. “Hay personas en Berlín que son muy conscientes y hay barrios donde muchas personas andan con ropa reciclada. También hay lugares donde no vas a ver a nadie con esta ropa. En medio de estas dos realidades es importante aportar a esta discusión”, afirma Stephan.  

El consumo responsable no es solamente una cuestión ambiental. En la industria de la moda la mayoría de mano de obra es femenina, entonces las decisiones que se toman en las mañanas frente al espejo también pueden impactar a las mujeres que están detrás de estas labores.  

Para Vietnam, “si desde la cooperación logramos generar cambios en la cadena productiva, evitando que las mujeres trabajen en condiciones precarias, estamos aportando a que se mejoren sus condiciones de vida y las de sus familias”. Peter complementa: “La economía circular permite integrar a personas en situación de vulnerabilidad en procesos productivos, dignos y de alto valor. Esta es una gran motivación para mi trabajo”. 

“La cooperación alemana, entendida en un contexto amplio, lucha por el reconocimiento y la promoción de buenas prácticas que hacen otro mundo posible. No es fácil y con un proyecto no vamos a cambiar la situación global, pero vamos a dar pequeños pasos en ese camino”, concluye Stephan.